¡BESTIAS!

Se pueden comentar muchas cosas. Que el palacio municipal de la ciudad de Chiclayo fue construído en 1910, que era patrimonio cultural de la humanidad, que la arquitectura del edificio en sí realzaba la belleza de la plaza de Chiclayo. Todo esto fue destruido, reducido a cenizas por una horda de desadaptados, liderados por los apetitos de poder de dos pobres diablos desgraciados que se disputaban la alcaldía de la cálida ciudad norteña. ¡DESGRACIADOS!

No puede de ninguna manera justificarse actos de violencia y sobre todo destrucción de la propiedad pública, encima si es patrimonio nacional. Lo peor de todo es, que estos actos nos indican la institucionalización en el país del caballazo y la patada. Si algo no me cuadra, no me connviene o no sale a mi favor pateo el tablero, y destruyo. Desgraciadamente esto se refleja también en la sociedad. Nada justifica esto.

La destrucción del palacio municipal de Chiclayo demuestra una vez más lo poco que nos importa nuestro patrimonio.

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1 Tuvieron algo que decir:

Anónimo dijo...

Muy bueno tu artículo Wily .La barbarie cometida (tramada ) por dos políticos chiclayanos , no es otra cosa sino la demostración del "Todo vale " para alcanzar el poder y dinero mucho dinero . Ellos son solo muestras de muchos de nuestros políticos que dicen reprecentarnos y solo quieren crear arcas y llenarlas para si mismos .

 
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